Manifiesto

El negro cabeza es lo maldito de un país facho/progre. Grasa o lumpen, mono o disponible. Por derecha, por izquierda, el negro cabeza es la lacra irrecuperable de un país blanco. Negro cabeza vos. El indio devino poblador originario, el gaucho gauchada, el negro afro, el negro cabeza tiro en la sien (de chiquito nomás, se reproducen, viste) El negro cabeza es también y por lo mismo la potencia indómita de una revuelta ingobernable. Es el malón que arrasa el lienzo, el paper. La montonera que echada se queda en la fuente. Es el piquetero, el mejor, el único.

El negro cabeza es también el tumbao, el retobao, el patá chorreá y el sublevado; es el síntoma de la fagocitación de la urbe que digiere todo aquello que la ensucia. Es el sometido a la condena sísifica de la eterna errancia o de la (con)vivencia en la orilla. Allí, en el margen siempre barroso. Negro cabeza, vos y yo. La negrada insiste: ¿qué es lo negro del cabeza? Su testimonio; ¿qué es lo cabeza del negro? Su lengua. El testimonio negro, la lengua cabeza; el testimonio cabeza, la lengua negra.

En tiempos de conchabo neoliberal y de mita globalizada, urge la necesidad de un gesto blasfemo que disloque la prosa pulcra y sedimente una poética sucia. Ese gesto es la apología. Una apología de la negrada como una ética de lo intolerable, una refutación a lo impensado y una celebración de lo plebeyo.

Ante la emergencia Sombras Terribles convoca entonces a tirar el freno de mano y hacer un trompo: trompadas contra el trompa. Porque sabe que el quemar locos (en) el furgón evidencia una comunidad más real que la locomotora de la historia cómoda, y reafirma que un par de altas llantas son preferibles al llanto llano. Y que muchos compas comparen esas llantas con trenes y algunos opten por las llantas y otros por los trenes, demuestra que somos muchos los negros. Negros los que agitan ¡Revolución! pese a que el sueño vago sea rebelde en llegar. Negros los que necesitan más que un hueso y toman. Generaciones de negros que fueron y son blanco de la explotación, y de blancos también con manos explotadas de callos negros, que ya tampoco quieren callar. Sombras emergentes, tirando piedras, arrasando, cargándose a todos y todas. Una cosa de negros.

NEGRA MALA TESTA

ATRAVESAR TORMENTAS Y TRANSITAR EL BARRO- ACERCA DE HABITAR Y PENSAR LAS CONTRADICCIONES EN UNA ESCUELA PRIMARIA Y UN CENTRO COMUNITARIO DEL BAJO FLORES


Somos un grupo de educadores que dedicamos tiempo, pensamiento y energía vital a habitar un dispositivo con doble pertenencia institucional: Es por un lado, un programa del ministerio de educación para nivel primario, y por otro lado, por su origen e historia, se encuentra imbrincado a un centro comunitario que funciona hace décadas en el corazón de una de las villas percibidas como más negras, malditas y terroríficas de esta ciudad.
Muches de les niñes que transitan por allí podríamos pensarlos, al decir de Deligny, como aquellas semilla de crápula o de maldad, que ocuparán tapas de diarios como mal social y destinos de encierro. Otres son germen­­ de mula, que se sumirán en la indignidad de trabajos serviles como modo de supervivencia. Disyuntivas vitales que obligan a atender nuestras contradicciones, nuestras miradas de clase, nuestros lugares mula y zonas de precariedad, así como nuestras opciones de creatividad, afectos e invención, que replicamos en los microgestos, en los modos de pensar propuestas, en las formas en que ponemos el cuerpo para abrazar y escuchar lo que sucede, sentir los adentros y los afueras de los espacios por los que transitamos, en las formas de caminar por las calles, pasillos y escuelas, en los modos de interpretar sus fugas, sus rajes, los riesgos que corren (y corremos) y los resguardos que encontramos y proponemos. 
Queremos compartir algunas claves, preguntas, decires, disparadores, que vamos encontrando para cuidar formas de pensamiento, sin quedarnos tranquiles con lo que hacemos, pero teniendo la tranquilidad suficiente para sostener-nos sin quebrarnos o desistir: Lo central de mantener formas de grupalidad que habiliten todo el abanico de afectividades que emergen, el lugar preponderante que tienen el arte, la poesía, la historia, la atención que tenemos en lo que nos pasa en nuestros cuerpos, el rescate de la voz del piberío y la pregunta política siempre en el horizonte.
El dispositivo por el que transitamos es un adentro- afuera de la escuela. Una parte de la actividad se lleva adelante los sábados, y una de las características es que les niñes que circulan por allí van “porque quieren”, a diferencia de la escuela- obligatoria. Pero funciona dentro de la escuela. La otra parte de la actividad se desarrolla durante la semana, con docentes comunitarios que alternan su actividad entre espacios pedagógicos en un “aulita” que funciona en un centro comunitario en el corazón de la 1-11-14, y recorridos por el barrio.  Muchos de les chiques (entre 5 y 14 años) que participan están en los márgenes de la escolaridad.
Los adultos que acompañamos las actividades atravesamos el barrio y llegamos a la escuela con los guardapolvos puestos. Nos los sacamos cuando llegamos. Somos “las seños y los profes”, pero la circulación por el espacio- escuela invita a otros recorridos, más lúdicos, exploratorios (o al menos eso es lo que se intenta). Desde ese espacio- borde dentro fuera de la escuela, habitando también un adentro y fuera del barrio, nos volvemos a preguntar:
“¿Qué posibilidades tiene hoy la escuela de tejer esa trama de significaciones que atempera, que protege, que resguarda, y que posibilita por esa vía el acceso a la cultura, cuando la realidad se presenta con la virulencia que conocemos? ¿Qué márgenes tenemos hoy los adultos que habitamos las escuelas, de constituirnos en “esos Otros que mantienen algún grado de integridad” para tejer una trama significativa que aloje lo que irrumpe como una realidad, muchas veces irracional, cuando también nosotros nos hallamos vulnerados por las mismas circunstancias?” (Zelmanovich, 2003)
Presentamos entonces algunos relatos, imágenes, resonancias y escenas que nos invitan a llenar de contenido a esa pregunta que nos hacemos. Son relatos fragmentarios, vomitados en los encuentros posibles, en los minutos escasos que encontramos para contarnos cosas que nos fueron pasando en en cada taller. A veces compartidos en escritos armados en archivos drive, a veces producciones artísticas que nos llevan a moldear en diferentes formatos eso que nos pasa. Mezcla desordenada de catarsis, análisis, pero que se trata de una forma de pensar colectivamente sobre las intervenciones.
Pensar no es nunca un acto individual, sino que es parte de un proceso colectivo, y así, desordenados, tímidamente los exponemos. No pretende ser un análisis acabado.
No se puede modelar prolijamente el barro en la tormenta; se escurre entre los dedos, se revela ante la tentativa de imponer una forma, se vuelven pegajosas las huellas y se resbala lo que sobra. 
Es el pensamiento colectivo posible.

0. BARRO:
Se embarra la parada, el colectivo, las planificaciones, los planes, los recibos de sueldo, la birra, el parque, la visita a la familia, las fiestas, el almacén, las marchas, los guardapolvos, la ropa y el perro.
Se manchan, se llenan de barro. ¿Es barro? ¿Es caca? ¿Caca de perro? ¿Caca de humano?
Se ensucian.
Mugrosos los guardapolvos, los zapatos, las botamangas de los pantalones, el placard todo y todo lo demás.

1. TOBI Y LA TÉMPERA QUE que siempre se vuelve marrón, y SE HACE BARRO- CUERPO.
Es sábado y la escuela en sábado, casi verano. Empieza la mañana y dentro del aula conversamos: ¿Cómo se mezclan los colores? Entusiasmo: sabemos que tal con tal, y este con este. Entonces imaginamos y formamos en el aire verde, naranja, violeta, lila. Sabemos cómo se hace el rosa y cómo el celeste. Es la previa porque afuera vamos a pintar con témperas, en una tela grande. Preguntamos y repreguntamos y la tienen re clara, ya saben como armarlos.
Los colores. Aparece el juego con los colores y como resultado, siempre, se mezclan todos y da, siempre, marrón. Al rato (y un rato acá es un instante) el patio sembrado de bandejas de telgopor chorreantes de témperas embarradas, todo es marrón. Ante los ojos de las maestras que, impotentes, tratamos de salvar algún rojo, algún verde, ¡un poquito por lo menos! de la vorágine mezcladora, de los pinceles, de los tarritos revolviéndose por el puro placer de mezclar.
La témpera se vuelve barro también. Y entonces nos encontramos que la magia está ahí, jugando con ese barro- témpera, mancha voraz que va apropiándose de todo lo que toca.
Tobi: niño utopía (al decir de una compañera docente: los corrés por toda la escuela pero nunca los alcanzás). 


Se pinta los brazos por completo, desparrama pintura sobre la piel, la esparce gozosamente con los dedos y cubriéndose todo. Feliz.
Explorar. ¿Cómo se conoce un material, cómo se pinta, cómo aprendimos a pintar?
Se disparan las alarmas de lo escolar. La escuela se puede manchar, hay que limpiar, ordenar. Apropiarse del oficio de alumno. 

“Uno de los presupuestos que estamos acostumbrados a dar por descontados es que toda acción está dirigida a un fin y que este fin es el bien que el agente se propone necesariamente en cada ocasión. De esta manera, puesto que el fin es concebido como algo trascendente o de cualquier modo externo, el bien queda separado del hombre. Me parece más convincente la idea epicúrea según la cual ningún órgano del cuerpo humano ha sido creado con miras a un fin y ¡todas las cosas que nacen generan su bien en el uso! A fuerza de gesticular, la mano encuentra su delicia y su uso, a fuerza de mirar, el ojo se enamora de la visión, y las piernas, doblándose a tientas, inventan el paseo. Por lo demás, esto es lo que vemos que ocurre en los niños y es lo que nos sugieren las artes como la danza, que no tienen otro fin que la pura exhibición de un gesto, de aquello que un cuerpo puede hacer. Por eso he buscado sustituir el paradigma de la acción girada a un fin con el del gesto sustraído a cualquier finalidad.” (Agamben, 2017).

Vamos encontrando sentidos que permiten jugar con ese barro, por el puro placer de jugar, nuevamente en estos adentro- afueras de la escuela, pero también adentros- afueras del barrio, donde el barro realmente parece por momentos que toma todo, que invade todo, que no deja márgenes para pensar y para jugar. Barro- témpera, distinto del barro caca, del barro armas, hambre y allanamientos, pero también barro lleno de vida, de potencia, de fuerza cuando al niño utopía lo vemos correr, fugar, escapar, hacer uso y disfrute de su cuerpo capaz de lo casi imposible, y nosotres ahí, detrás, al lado, también obligados a forzar nuestra máquina de pensamiento para inventar nuevas formas de estar allí y de acompañar el crecimiento.

2. EL MISIL DE BARRO EN EL OJO DE LA SEÑO- junto a Clarice Lispector
Una ronda que no se calma, todes la forzamos, nos obligamos a rodearnos entre sí, a mirarnos. Abro el cuaderno, leo, exagero de alguna forma. Sus caras me obligan a insistir o yo insisto obligando que así tiene que ser
¿jugamos con arcilla? escucho
yo leo
¿Quién hizo la primera pregunta?¿Quién hizo el mundo? Si fue Dios, ¿quién hizo a Dios? ¿Por qué dos y dos son cuatro? ¿Quién dijo la primera palabra? no sé (escucho) ¿Quién lloró por primera vez? ella profe (escucho risas) ¿Por qué el Sol es caliente? por el fuego (escucho)
¿Por qué la Luna es fría? porque es de noche (escucho) ¿Por qué el pulmón respira? ¿Por qué se muere? ¿Por qué se ama? por los besos (escucho)
pausa
¿Por qué se odia?
¿Quién hizo la primera silla?
Otra vez seño (me dicen), entonces ¿Por qué se lava la ropa? ¿Por qué se tienen senos? ¿Por qué se tiene leche?
no, la otra otra vez  (insisten)
¿Por qué el pulmón respira? ¿Por qué se muere? ¿Por qué se ama?¿Por qué se odia? ¿Quién hizo la primera silla? ¿Por qué existe el sonido? ¿Por qué existe el silencio? ¿Por qué existe el tiempo? ¿Por qué existe el espacio? ¿Por qué existe el infinito?
¿Por qué yo existo? ¿Por qué tú existes? porque naciste ¿Por qué existe el esperma? ¿Por qué existe el óvulo?
¿Por qué la pantera tiene ojos? porque mira ¿Por qué existe el error? ¿Por qué se lee? porque vas a la escuela
¿Por qué existe la raíz cuadrada? ¿`por qué, qué es eso profe? ¿Por qué hay flores? ¿Por qué hablas mucho? ¿Por qué existe el elemento tierra? ¿Por qué queremos dormir? ¿Por qué existe el elemento fuego? ¿porque haces estas preguntas seño?
¿Por qué existe el río? ¿Por qué hay gravedad? ¿Por qué y quién inventó los anteojos?¿Por qué hay enfermedades? ¿Por qué hay salud? ¿Por qué hago preguntas? ¿Por qué no hay respuestas?
Una pausa
seño, otra vez!
vuelvo a empezar y no queda pregunta sin responder
¿Por qué nosotros no jugamos con arcilla?
Me la dieron en el ángulo ehmmm
un poco para cada uno les doy, si?
¿quieren que lo lea otra vez?
Creo que sólo nos interrumpió el misil de arcilla que llegó a mi ojo, no sé cuál de las veces en que construimos tantas cosas inciertas, lo que sí sé es cómo fue ese instante: Fue cuando Gonza disparaba con su pistola de arcilla y se escondía Dylan detrás de las sillas en el tiroteo blando y pegajoso. Me dolió de verdad, se me puso rojo. Gonza, que había disparado, se puso mal, me abrazó, me pidió perdón, no se excusó por hacerlo, sólo que lo que no quería era lastimarme, quería disparar, atacar, correr esquivar, que hagamos todo, la arcilla es nuestra; todo menos lastimarnos, quería dispararme, no me la quería dar, quería abrazarme después, nos dolía, pero no nos arrepentimos: hoy la escuela es nuestra.
No nos tendríamos que abrazar, no hay que correr en la escuela, no juguemos a los tiros, no hagamos tantas preguntas, no vamos a la escuela los sábados. O si. ¿Para qué?
Gonza sólo va a la escuela los sábados en verdad. Y nos abrazamos.
¿Por qué miento? ¿Por qué digo la verdad? Mentir para decir la verdad…. pensamos los profes al terminar la jornada, cómo recordar el orden de las preguntas que nos hicimos, cómo pensar en todo lo que está bien y lo que está mal si no terminan las preguntas.
Que sean pequeñas corrupciones para hacer el bien, que sea, como nos enseñó Liliana Bodoc, Mentir para decir la verdad, o acaso ¿por qué carajo todas las preguntas de Clarice Lispector encajan tan bien, en el encadenado de reflexiones postjornada y en la ronda en que los pibes me increparon y repreguntaron? ¿Por qué no podemos ser como los más chiquitos? ¿por qué no jugamos a  los tiros? ¿por qué no jugamos? ¿por qué nos jugamos?
Y al sábado siguiente por algo que ni siquiera podría formular como pregunta, me piden volver a hacer eso…..eso de las preguntas, eso del cuaderno, y de verdad que terminaba así el texto de Clarice:
¿Por qué hoy es sábado?
¿Por qué adiós?
¿Por qué hasta el otro sábado?
¿Por qué?

3. LA BAJA Y EL BAJO- REJAS Y TREPADORAS


ARRIBAELBAJOABAJOLABAJA                      Jugar.
Bajar al Bajo, bajar a jugar. BajaralBajo, bajarajugar.
ESTAR JUGADO, JUGARTELA. Santi está mucho mejor
ahora lo tengo que retar que se baje de la mesa.
AHORA LO TENGO QUE RETAR.          Que se BAJE de la mesa.
            Dónde están los pibes que no están.
Dónde están los pibes
Rondar y merodear. Hagamos una ronda.
¿Qué hace un cuerpo si está vivo?
Eze y la policía. Franco y sus bicicletas. Franco por sobre el
muro, con su risa franca. FRANCOYSURISAFRANCA.
Tira piedras. BAJATE FRANCO. Piedras no, Franco!ABAJO-
LABAJA, BAJATEFRANCO. BajateDylan del banco, dale.
Bueno, pero haceme upa. Bueno Dylan. BAJATE y te SUBO a
upa. Bajá del árbol Kevin, bajá de la reja Tobi. REJA, RAJAR
EL RAJE, RAJÁ DE LA REJA. ABAJOLABAJAARRIBAELBAJO
Subibaja la reja, trepadoras y escaleras. Subí Bajá,
Arriba  y Abajo.          ATR    Adentro y afuera
Mientras sube, baja, baja la baja. Carne de cañón, te bajan.
Bajan la maleza que grita.                  TE BAJAN.
De un hondazo te bajan de un tiro.
Dónde están las PIBAS.       Estar    arriba
                        Oleada                        subibaja           Maleza
Camino entre la disparada y el disparo

Me bajo acá, porque yo quiero y no me bajás vos. ¿Me bajás?
pero                haceme           upa.                            UPA.
Subir. Bajar. Escaleras rejas trepadoras         BAJATE FRANCO

                       Bajáte pero entrá.
Te queremos adentro, bajáte,
te queremos.
Bajáte. Te queremos.


4. EL BARRO ANÍMICO, LA MUERTE Y LA PALABRA- Plegaria para un niño dormido. (quizás tenga) FLORES en su ombligo



Me despierto. Agobiada. Impotente. Rabiosa. Llena de sensaciones de esas que te apagan y te quitan el brillo. Me siento en un pantano anímico donde el barro de la angustia me chupa y absorbe. Es domingo y no sé por dónde empezar el día. La lista de pendientes no para de crecer. La imagen de Facundo, la pena por Facundo, la furia de sentir que mi único margen de acción es la patética multiplicación de posts… me genera una desolación que me voltea. Las fotos que reflejan la mirada sonriente de Facundo se me adhieren a las miradas de los niños con los que comparto muchas de mis mañanas del bajo flores, y se ubican en serie con las de mis sobrinos blancos de su misma edad con quienes compartí mis vacaciones, y con millones de preguntas y de espantos asociados.
La Garganta Poderosa publica su visión respecto a los titulares de Clarín y de La Nación.

“Que ni los conmueve. Que no estremece a su moral. 

Y que se vuelve noticia la edad, porque a los 19 nos parece normal.”

Aprieto “compartir”. Me quedo más vacía que antes. Me siento más seca, más aplanada, más subyugada que antes. Puedo visualizar con nitidez el aplastamiento que me proponen las redes sociales: “ya está, ya hiciste lo que podés hacer, ahora te propongo que mires esta deliciosa receta de bondiola a la cerveza para hacer en media hora. Compartí también esta.” Esssta. Pienso ¿Qué pasa que no hay una marea de gente en las calles pidiendo un freno a todo esto? ¿Qué pasa que las sensibilidades de muchos de mis congéneres no sólo no estén atravesando una conmoción emocional similar a la que estoy atravesando yo ahora, sino que además, muchos estén justificando esta muerte, preguntándose qué estaba haciendo el niño, o dando explicaciones seguritistas? ¿Qué pasa que las dirigencias no están agitando una movilización monumental? Me figuro colgándome un cartel grande al cuello, de esos de las películas yankees de los 90, con una frase que encontré en algún lugar, y que representa muy bien algo de lo que me quema y que dice:



“¿QUÉ PAÍS PENSAMOS, AHORA, SIN FACUNDO?”
Me figuro yendo a Plaza de Mayo con el cartel al cuello, una pandereta y ver qué pasa. De paso le doy de comer a las palomas, y listo, directo al Moyano. Me disperso. 

Busco un bálsamo. En el celular, obvio. Metida en la cama, obvio. Youtube y sus algoritmos me ofrecen rever un video de Liliana Bodoc. Vuelvo a ella, mientras pienso en las discusiones del día anterior en la reunión de planificación del año del CAI, a la vera de la 1-11-14. Las preguntas de los educadores por la palabra, por los márgenes de acción que abren las palabras y las diferentes formas de expresión. Las acaloradas conversaciones acerca de cómo empoderar a los pibes, con qué dinámicas, con qué propuestas pedagógicas, con qué posicionamiento adulto, con qué mirada política, con qué emocionalidad. Empieza el video de youtube, y mientras sigo pensando, escucho, veo y siento a Liliana Bodoc cuando habla acerca de la palabra poética y la potencia que tiene para atravesarnos, de su llegada al final del sentido. Hay algo que me calma, algo que me alivia, no sé bien qué es. ¿Tal vez es su cadencia, su dulzura? ¿Es el contenido? Habla del lenguaje científico también. Habla del dolor, de los dolores de una niña, y de un modo poético de poner palabras a la soledad más profunda. Mi mente vuelve a relatos del día previo en el CAI, y conecto con el dolor que, supongo, atraviesan unos niños ¿abandonados? por su mamá luego de “irse a las manos” con su papá unos días atrás. ¿Cómo estarán expresando su pena? ¿Cómo se sobrevive a tamaño dolor? Puedo sentir en el equipo una sensibilidad que atiende al sufrimiento de las familias que concurren al CAI, una conmoción y un movimiento que los lleva a repensar sus estrategias de trabajo, las planificaciones, a debatir, por ejemplo, acerca de las asambleas de los pibes, y que los lleva también, en el mismo diálogo, a una propuesta de Ceci y de La Mari de plasmar en grabados algo de los problemapibe, preguntapibe, dilemapibe, afectopibe que nos moviliza.

Liliana termina de hablar, y en el silencio me queda resonando…

“Palabras que de verdad pueden generar que la realidad se transforme, 

espero que siempre para mejor.
 Creo que la palabra nos hace libres, creo que la palabra nos hace bellos, 
creo que la palabra nos hace luminosos. 
Y creo que si alguna vez nos toca quedarnos sin palabras, 
es bueno que sea porque estamos maravillados, 
y no porque estamos vacíos”.

Algo se conecta, casi mágicamente. Vienen las ganas de sentarme a escribir. ¿#Latesis? No. Ganas de escribir algo, que sea capaz de transformar, de mover cosas aunque no se haya movido nada, como dice Liliana en su charla. De ver si es posible trasponer en palabras transmisibles un modo posible y vital de pensar, sentir y actuar junto con estos niños y estas familias.  Unas ganas viscerales, reales, desesperadas. No se sabe bien cómo, pero ronda la sensación de que este escribir, pintar, jugar con el barro, puede transformarse en un hacer algo por Facundo. Escribir, colectivamente. Queremos seguir pensando este país, sin Facundo.
 Por Iglesias, Viviana; Chardin, Clara; Aguilar, María; Leiva, Cecilia

Bibliografía
Agamben, Giorgio: “Me parece perjudicial la transformación de la potencia en voluntad”. Entrevista en https://artilleriainmanente.noblogs.org/post/2017/08/29/giorgio-agamben-me-parece-perjudicial/ (Consultado el 3 de diciembre de 2017).
Zelmanovich, Perla 2003 “Contra el desamparo” en Inés Dussel y Silvia Finocchio (comp.) Enseñar hoy. Una introducción a la ecuación en tiempos de crisis. Buenos Aires: Fondo de Cultura Económica.


POETAS MALDITOS: LEÓNIDAS LAMBORGHINI Y MARIANO BLATT


1º SOMBRA
LAS PATAS EN LAS FUENTES

Me detengo abre in medias res la función continuada de Las patas en las fuentes. ¿Quién habla? Parece ser la voz de El solicitante descolocado invocándose a sí mismo. Desdoblamiento que lo cuestiona: tú no tienes voz propia pero al mismo tiempo hace de su vena una desviación del caudal sanguíneo de la tradición literaria: fuentes plurales, modelos (canónicos o no). Interpelar los antecedentes, reconocer el estado de la tradición como algo vivo y apropiable son los problemas (posibilidades a parodiar) que esto plantea para un escritor vandálico, saboteador, desde los primeros versos / patas de Leónidas Lamborghini. Huellas épicas mezcolándose por un poema que se irá extendiendo por otros 2500 versos o más, a partir de este proemio bárbarico. Narración esquiva.
Decíamos, caudalosa es la voz de El solicitante y todo un Pueblo collage / compañero se suma al desborde polifónico. Comunidad / tradición literaria de todos y todas clasificados, entrando y saliendo, obreros y guerreros, Juan Bautista Alberdi y Emiliano Zapata, una maestrita y las tentaciones de Maruska y de la Pordiosera; incluso todo un público: 200.000 locos … Os pido entonces que prestéis atención a como en Las patas el uso directo de un estilo alto puede dar cuenta de escenas bajas

me arrodillo junto al lecho de la pequeña
Maruska
toco sus senos a punto de nacer
sentir
sentir
de la antigua pureza ese relámpago

O ya mecha con voces populares que sólo se registran apoyando mi oído, gesto antropófago:
uniendo lo primitivo a lo culto
la inspiración a la escuela

De repente surge por ahí un arbolito, su lenguaje también es directo, y leerlo en este 2018 FMI pone los bolsillos de punta:
Cambio
Cambio
Cambio

Somos testigos entonces como, siguiendo la voz de Ezra Pound en El arte de la poesía, todo poema que quiera presentarse hoy (siglo XX y XXI) como épico, debe atender las curvas económicas en tanto que vientos de la H(h)istoria; pelotazos recurrentes a favor o en contra (Pound, 1970: 130).
Un ritmo fabril y existencial; montaje de versos encadenados por Moiras más zurcidoras que tejedoras, a veces repetidos. Son problemas de estado no sólo literario sino también del estado tras el golpe de 1955. Batallas cinematográficas herederas de la épica clásica con sus escenas simultáneas presentadas una detrás de la otra:

en medio de tan ruda batalla
soy derribado
al tiempo que mis hombres
conseguían entrar sobre grandes rodillos

Batallas: en la Plaza, sabotajes y caños de la Resistencia vs. el capital, máscaras de (des)libertadores vs. José León Suárez Presente Ahora y Siempre, elecciones con un Líder proscripto. También integración / traición en la voz del arrepentido (luego des-arrepentido), monstruo sin fiesta que al alternar y luego fusionarse con la de El solicitante nos deja sin héroe asible. Queda un aislado símil simbólico

como un fantasma
fofo
desinflado
de cuadra en
cuadra

Es que el héroe colectivo ahora es el lenguaje en general (y lo que quede del General): la tradición y la calle (atender al respecto la escena IV de  las Diez escenas del paciente):
el lenguaje
narrándose a sí mismo
protagonista de sí mismo

Gesto muy cercano al poeta / memoria literaria héroe de los Cantos de Pound. Voces - personajes generalmente anónimos, puro epítetos: El solicitante / El saboteador y sus hablas. Y especies de digresiones en el podrido tren de todos los días sin Revolución / sin locomotora de la Historia / sin mito al cual retornar. Son los bondis de la vida (micro-historias) canturreados por el pobre tipo de los harapos que suenan en cada adicto cabeza, en las nuestras y en la cabeza de Leónidas Lamborghini estimulada por la diosa - droga Máquina de los Recuerdos tataratataranieta de Mnemosine.
¿Qué es esto? ensayaba Martínez Estrada sobre los años peronistas. Post bombardeo y golpe, es la katábasis al infierno planetario de la era atómica y local de un país que fusiló, fusila está fusilando. Épica descolocada del

equívoco del equívoco
de los equívocos

Escenas típicas de un país podrido de la injusticia que busca ser redimido por la parodia bufanesca de las risa negra. Entrando los sesenta, Las patas cabecitas calzaron como un poema situado, citando fuentes, articulando la pregunta épica sobre el cómo prepararse para morir a cómo prepararse para reír.


2º SOMBRA
“DIEGO BONNEFOI”

Forma y contenido: entrarle al poema “Diego Bonnefoi” (2010) de Mariano Blatt te taladra triplemente la cabeza, por lo que se dice, como lo repite y su extensión potencialmente infinita. Su política, una estructura simple: tres versos exactamente repetidos, luego otros tres, otros tres, otros tres, tres, tres, tres, otros, otros, otros …  que van de un insistente lamento concreto, imagen directa (contra) informativa

mataron a un pibe por la espalda en Bariloche
mataron a un pibe por la espalda en Bariloche
mataron a un pibe por la espalda en Bariloche

a la visión de un mundo nuevo: flores en la ladera de la primavera. En sintonía, dicha monotonía rítmica exige una lectura como compromiso, también triple: atender la realidad, el desafío de poder sostener una lectura (32 versos x 3) que te va dejando sin aire e imaginar recitados performáticos o multimediales del poema.
En cuanto al carácter melopeico del procedimiento maquínico, el mismo se explicita como música electrónica (loop) deviniendo iluminación plena, es decir toma de conciencia colectiva: los que tomaron éxtasis (x 3) / que levanten las manos (x 3) / en memoria de Diego Bonnefoi (x 3). Estas imágenes que monta Blatt construyen un collage que posibilita salir del lamento concreto y experimentar el poema como droga y mantra actualizado en rave atemporal, siendo la fiesta la manifestación de una comunidad; el paso de un pibe a un montón de pìbes que resisten, en sótanos como templos, figurantes que no bailan para salir en la foto pero imprescindibles en la nueva primavera. Convirtiendo el poema - tributo a la espalda de Diego Bonnefoi en un tatuaje contemporáneo; escrito en el cuerpo generacional y al mismo tiempo abriendo una red de correspondencias tanto con producciones de las vanguardias históricas, por ejemplo con las reiteraciones del proto – lenguaje usado por Schwitters en Ursonate, como con producciones de culturas arcaicas propiamente dichas, muchas de ellas eslabones verbales al interior de rituales sagrados complejos a cargo de autoridades religiosas, generalmente ancianos.
Al respecto si uno recurre con fines comparativos sincrónicos a la Antología de poesía primitiva que en 1979 publicó el poeta Ernesto Cardenal, la evidencia de la repetición (x 3) es total en “La tempestad” de los Paiutes, tribus originarias ubicadas geográficamente al este del actual territorio de los Estados Unidos:

Las piedras están sonando,
las piedras están sonando,
las piedras están sonando.
Están sonando en las montañas,
están sonando en las montañas,
están sonando en las montañas.

Un mismo tipo de pulsaciones, golpes de tambor, cuyo diluvio nos sitúa entre las cosas (piedras – truenos - montañas, acercando lo micro y lo macro) y además, pese a su menor extensión (seis versos) también son potencialmente infinitos. Porque si bien no se puede reponer con seguridad el tiempo en que cada una de estas producciones verbales se desplegaba, algunas que parecen breves se supone que podían durar varias horas. Lo mismo podríamos decir de “Las montañas nevadas bajo las estrellas” (nuevamente seis versos: 1 x 4 y 1 x 2). Posiblemente Blatt conocía la Antología de poesía primitiva al escribir “Diego Bonnefoi”, optando por actualizar el procedimiento de los Paiutes a un hoy urgente.
Una década antes que la selección de Cardenal, otro poeta, Jerome Rothenberg, testigo de los eventos Fluxus, había versionado y publicado “poesías salvajes” al inglés y a la vez ensayó, prologando su libro, sistematizar ciertos impulsos análogos entre esas producciones y la poesía moderna y contemporánea (Rothenberg, 1967). Gesto que habilita pensar el mencionado procedimiento de repetición, con su sonoridad y ritmo, como una de las técnicas de lo sagrado; una especie de canto chamánico que en el poema de Blatt funciona como memoria, una sutura o sanación social ante casos de gatillo fácil. Sumado a que la centralidad de las imágenes de la comunidad extática presentan la rave atemporal de Blatt como un ritual profano que conjura un Bonnefoi reencarnado / recargado y nos convoca a los lectores a participar en esa tribu, ahora a cargo de jóvenes, desde el uso ocasional de una primera persona del plural inclusiva: los pibes levantamos las manos. Es una forma contracultural de situarnos entre la realidad de lo micro (la espalda de un chico de quince años, las zapatillas nuevas) y lo macro (el sol radiante, la primavera), poner el cuerpo bailando porque mataron a un pibe. Mientras que en los barrios populares de “el Alto” de Bariloche otras piedras suenan - caen contra las fuerzas represivas.


Por Yamil Wolluschek

Bibliografía
Cardenal, Ernesto 1979 Antología de poesía primitiva. Madrid: Alianza.
Pound, Ezra. El arte de la poesía. México: Joaquín Mortiz, 1970.
Rothenberg, Jerome  1985 (1967) “Pre-face” en: Technicians of the sacred. A Range of Poetries from Africa, America, Asia, Europe & Oceania. Berkeley & Los angeles: University of California Press. Traducción de Gerardo Jorge.

Nunca malgastes el aire. El lamento de magdalena

Por Diego Genoud*

-¿Recuerda el color que tenía ese humo?
-Negro


-¿Permitía ver?
No. Nosotros los que salimos, salimos todos arrastrados por el piso. Me acuerdo que me faltaba el aire.


-¿Y los bomberos?
Muy tarde los bomberos, ya había pasado todo cuando llegaron. Sacabamos cadáveres quemados. Si esas puertas estuvieran abiertas, no estaríamos ninguno muertos, los pibes que pasó el accidente.

-¿Usted intentó olvidar esto?
No puedo. Hay veces todavía me despierto cuando los pibes se lamentan. Hay veces. No digo todos los días. Pero a veces sí.

Angel Eduardo Quintana Ramírez está en libertad hace tres años. Pero todavía se acuerda lo que pasó en las horas previas al Día de la Madre de 2005, en la cárcel de Magdalena. La noche de la mayor masacre penitenciaria de la historia de la provincia de Buenos Aires desde el regreso de la democracia, estaba en el Pabellón del horror. Es uno de los 16 sobrevivientes del incendio en el que murieron atrapados 33 presos que tenían menos de 26 años.

Ese sábado, los detenidos estaban preparando tortas para esperar a sus madres. El sobreviviente, uno de los pocos que salió vivo del Pabellón 16 y aportó su testimonio decisivo, habla pausado y contesta con espasmos. “Yo vivía al fondo. Éramos casi como 50 personas. 16 pibes salimos vivos, salimos todos por el fondo. Rompe el pabellón de al lado, el 15, el fondo y los que vivíamos todos en el fondo salimos. Por adelante no salió nadie”, dice.

Cuenta que la requisa entró con perros y con itakas en medio de una pelea y empezó  a disparar. “Mucho fuego, mucho humo. Eso era un infierno y todo era desesperación”, dice. El fuego había empezado en las primeras camas, a la altura de las duchas, en pabellones colectivos de 30 camas, que superpuestas eran 60.

A los 47 años, Quintana Ramírez tiene un cáncer en el estómago. Dice que le sacaron gomaespuma después del incendio que se inició cuando un colchón entró en llamas. Tiene quemaduras leves, atrás de la oreja y en el codo. A Quintana Ramírez lo habían calificado con conducta ejemplar (10).

En la Sala A, de la planta baja de un edificio antiguo, ubicado en la Calle 8, entre 56 y 57, la mayoría de los que escuchan el relato son miembros de las fuerzas de seguridad. Entre ellos, están los autores de la teoría del motín, la versión falsa sobre los hechos que fabricó el Servicio Penitenciario y se expandió desde el primer minuto para deslindar la responsabilidad de los uniformados.

Son los días de febrero de 2018, más de 12 años después, cuando se llega finalmente a tener a los acusados frente a la posibilidad de una condena. En el Tribunal Oral en lo Criminal N° 5 de La Plata, se juzga a los responsables de la masacre de Magdalena. Treinta y tres presos murieron envenenados por el gas de cianuro de los colchones de poliuretano de la Unidad 28 a 111 kilómetros de la Capital Federal, en pleno reinado de los derechos humanos, durante la gobernación de Felipe Solá. Después de un incendio en el que los guardiacárceles del servicio penitenciario, que ahora escuchan con desgano, decidieron cerrar la puerta a los que intentaban escapar. El caso no reviste interés y en las audiencias los familiares de los muertos son una minoría por momentos hostigada. Sin embargo, el juicio oral llega y se arriba también a una condena que, para las madres que ahora reviven el horror, tiene sabor a poco.

Pese al miedo, al paso de los años y al ánimo de revancha, los sobrevivientes que fueron testigos vuelven a contar lo que vivieron.


“Tengo que salir de acá”

“No me acuerdo los apellidos de ningun pibe. Hace muchos años que pasó esto. No recuerdo nada. Traté de olvidarlo porque ya formé una familia, no pensé que iba a vivir esto. Pero me citaron y vine porque hay muchas muertes y trato de explicar lo que me pasó a mi”. El que narra, muy nervioso, cómo hizo para dejar atrás lo que vivió es Juan Domingo Blanco Recalde. Cuenta que tuvo que ir al psicólogo, que entró a trabajar en una fábrica y que tuvo que renunciar al poco tiempo porque era “como un pabellón” y él estaba aterrado. “Fue difícil todo lo que pasé.  Me pone nervioso todo esto, no pensaba vivirlo de vuelta”, repite.

Blanco Recalde relata ante el tribunal, los abogados de la querella y los miembros del Servicio Penitenciario los momentos desesperantes en medio de aquella noche. Él también estaba en el Pabellón 16, desde hacía uno o dos meses, en un rancho donde convivía con Pinino, el Mon y el Gordo Nico, “que en paz descanse”.

De acuerdo a los testimonios que figuran en la causa, el Gordo Nico había llegado hace poco a Magdalena y fue uno de los internos que se enfrascó en la pelea que se inició alrededor de las 10 y media de la noche.

El día anterior, dice el testigo, uno de los internos le había dado una puñalada a otro y todo había quedado caldeado. Ese sábado 16 de octubre, un grupo quería sacar las mesas afuera para poder acomodar a las visitas para el Día de la Madre que todos esperaban. Pero un “No” ahí adentro es una discusión, explica.

La pelea había empezado del medio hacia adelante, donde estaban los pibes que manejaban la visita. Cuando se escucharon los gritos y vieron lo que pasaba, otros internos llamaron al Servicio en un intento inviable de que volviera la calma.

En 2005, el sobreviviente que ahora avanza con su testimonio tenía 24 años. Ahora con 36, recuerda que la policía entró a reprimir con balas de goma  por la puerta de adelante. Que empezaron “a tirar, a tirar, a tirar” y que uno de los pibes decidió prender fuego para que no tiren más.

Los del Servicio entraron reprimiendo, reprimiendo, ellos entraron reprimiendo, como saben hacer siempre. Cuando se prende fuego, ellos salieron y cerraron. Sé que salieron, no sé si cerraron, no vi. Yo me tiré al piso y me quedé así, tratando de mantener el aire, y se escuchaba la desesperación de los pibes y...gritos, todos. Me quedé no sé dónde porque se cortó la luz. Todo fue tan rápido. Se apagaron las luces y quedó todo como un infierno: fuego, humo y oscuro. Me tiro en el piso y tratando de no gastar el aire para no morirme. Porque no sabía si salía vivo de ahí.

Blanco Recalde se quiebra y el tribunal le dice que se tome su tiempo si hace falta. “No, no, está bien, dejeme terminar, está bien, gracias”, responde.

Cuando el fuego se desató, el testigo tenía un buzo polina, una visera negra y una idea fija: no malgastar el aire.  “Se escuchaban gritos del costado de la ventana y se escuchaba ‘acérquense a las ventanas, acérquense a las ventanas, la puerta de atrás está abierta, acérquense a las ventanas’. Y no se podía. Porque era tanto el calor, tanto el fuego, tanto la desesperación... y entonces alcancé más o menos con la última fuerza, el último aire que me quedaba, para ver si podía llegar a la ventana y salvar mi vida. Y cuando me arrimo a la ventana, me tiran un baldazo de agua fría, me tapan con una frazada los del pabellón creo que era 17. No recuerdo bien. Y me sacan por una ventana con una manta mojada para Sanidad, al Hospital San Juan de Dios”.

Ese día, Blanco Recalde pensó que se moría. “Tuve desesperación a morirme”, dice. Como si por momentos estuviera reviviendo la masacre de Magdalena, recuerda que se estaba quemando la oreja. Cuenta que tenía el calor en la nuca, que ya no le quedaba aire y que salió con el último suspiro. “Estaba casi desvanecido, casi desmayándome sin aire y siento el baldazo de agua, que era la salvación... que era una vida, era la vida. Cuando me tiran el baldazo, vivo y como que me desvanezco agarrado así, pero ya con aire porque tenía todo el calor y ahí es donde rompen los chicos la ventana de al lado y entran y me sacan. Me tapé y pensaba en mi hijo porque era padre de mi primer bebé y pensaba en él. Digo ‘tengo que salir de acá’, lo único que pensaba en ese momento, porque me esperaba mi hijo y mi señora afuera. Me faltaba un año y moneda para recuperar mi libertad”.

Relata que los internos que se acercaron hasta la puerta de adelante, pensando que estaba abierta, quedaron atrapados entre el fuego y la puerta cerrada.

Ya internado en el San Juan de Dios, le ardía todo del calor, tosía y escupía “todo lo negro” que había tragado en el incendio. Recién cuando le pusieron oxígeno, empezó a entrar en conocimiento de dónde estaba y de lo que estaba pasando. Más tarde, aceptaron trasladarlo a la Unidad 24, de Florencio Varela, que le quedaba más cerca de su familia.

La mayoría de los presos del Pabellón 16 murieron envenenados y fueron pocos los que quedaron vivos. El servicio penitenciario separó a todos los sobrevivientes. Para que no vuelvan a verse, para que no intenten recrear entre todos lo que pasó, para que no recuerden. Para que no hablen más. Para que el horror se muera adentro de cada uno de ellos.


“Ni un balde de agua tiraron”

Juan Santos Gamarra Aristide tuvo la mala suerte de ingresar al Pabellón 16 un día ante del incendio y la bendición de salir vivo. Había pasado dos meses detenido en el Pabellón 17 y tenía conducta ejemplar (10). A los 25 años, trabajaba en la cocina y estudiaba; estaba en primer grado.
Gamarra Aristide describe el pabellón y dice que era todo carpa, dividido con mantas colgadas, con frazadas. Cuenta que, cada dos camas, había una carpa y no se podía ver. Que estaban haciendo tortas con los chicos para homenajear a las madres, cuando de repente se empezaron a pelear. Que un rato después entró la policía por la reja con un montón de perros, tirando escopetazos. “Me tapé ahí con una manta, era un re quilombo, era todo escopetazo, los perros te mordían. Sacaron a un par de pibes arrastrando para afuera y a nosotros nos llevaron para un locutorio de máxima, a un patio que quedaba a menos de media cuadra. Me sacaron con otros pibes arrastrando por la puerta de adelante, estaba todo oscuro, los perros te mordían”.
El sobreviviente dice que el personal del Servicio Penitenciario no hizo nada para rescatar a los presos que se estaban quemando en el Pabellón 16.

“Estaba todo mojado y no podíamos decir nada. Les decíamos que habían quedado pibes ahí. Les decíamos entre todos. No recibimos respuesta. Entonces, saltamos por arriba del techo y volvimos de nuevo nosotros, a entrar. La otra gente estaba en el fondo, salía humo. Cuando volvimos, todos mojados, encontramos que había un montón de gente queriendo romper la puerta de rejas de adelante con unos bancos para entrar al pabellón y sacar a los pibes. Se veía humo y se escuchaban gritos. Entre todos los empezamos a sacar a los pibes de a uno. Estaban todos amontonados, como una montaña. Eramos pibes de todos los pabellones”, recuerda.

-Personal del Servicio Penitenciario ¿había?
-Se veía uno por ahí. Estaba ahí entre toda la gente.
Empezamos a sacar, yo empecé a ayudar y agarraba a los pibes y se le salían los pedazos de piel, se te quedaba en la mano. Después yo dejé porque me descompuse, ya salía el olor del humo tóxico. Me quedé a un costado, me mojé un poco y me quede respirando un poco de aire.  Sacamos de a uno, de a tres, lo que pasa es que eran pesados. Y los llevábamos afuera, al costado del patio. Después ya estaba lleno de pibes por todos lados. La gente del Servicio Penitenciario, estaba ahí, por arriba de los muros caminaban. Los bomberos llegaron después de que ya había pasado todo.

Confirma que las mangueras de emergencia no funcionaban, los matafuegos tampoco -los usaban para romper las paredes- y los presos cargaban baldes de agua de las canillas en busca de aplacar el incendio.

Hoy con 41 años, Ariel Emilio Lezcano se acuerda que era sábado antes de la medianoche cuando, en el Pabellón 18, empezaron a escuchar gritos. No sabían de qué se trataba hasta que un interno del Pabellón 17 rompió el candado de una puerta y salieron todos a socorrer a los que se estaban quemando.

-Cuando llegamos al pabellón, era fuego, humo, la puerta de entrada cerrada con un candado. Rompimos la pared del pabellón 16 con piedras grandes porque las mangueras no tenían agua. Rompimos la pared del costado, que daba al patio y
sacamos algunos chicos más pero ya estaban muertos.

-¿Qué hacía el personal del Servicio mientras tanto?
-Ellos no se acercaban. Estaban en Control, que queda como a 50 metros, se pasa por la puerta de la cocina, panadería y se llega a control. Eran calculo 40 vigilantes con escopetas, con escudo, esperando no sé, la orden de reprimir, la orden...desconozco cómo se maneja el Servicio Penitenciario. Pero querer llegar a socorrer no porque yo y otros chicos más nos encargamos de ir a pedir mantas para trasladar a los internos, porque vos los querías agarrar y se te arremangaba la carne de la piel en las manos. Entonces, los poníamos en mantas y los llevábamos. Los apilaban en Sanidad y algunos más afuera, para el lado de una capillita que hay en la puerta de la Unidad. Eso no vi yo pero me lo contó mi madre, que estaban esperando la visita afuera.

-´¿Y los bomberos?
-Los bomberos miraban de arriba del camión amarillo 1114. No sé si por temor no se bajaron. Del portón a la curva debe haber unos 20 metros, miraron y pegaron la vuelta. No había agresión hacia ellos. No podías entrar en el Pabellón, no te dejaba entrar el calor y el humo tóxico. Hasta el momento que nosotros empezamos a sacar los quemados del pabellón no había gente del Servicio Penitenciario colaborando con los presos para sacarlos. Ni un balde con agua tiraron.

-¿Pero a usted no lo ayudaron con alguna manta?
-El personal no nos daba nada.

-¿Quién le dio la manta?
-¡Los presos del pabellón 11!. De parte del Servicio Penitenciario, no nos dieron una manta para sacar un pibe.


Presente perpetuo

Integrado por Isabel Martiarena, Carmen Palacios Arias y Ezequiel Medrano. El Tribunal Oral Criminal 5 de La Plata dictó tres condenas y decidió absolver a 14 de los miembros de las fuerzas de seguridad que afrontaron el juicio oral, acusados de abandono de persona. En la lista de los beneficiados, estuvieron la segunda jefa de Guardia de Seguridad Exterior, María del Rosario Roma y el encargado de turno, Jorge Luis Marti, que dispararon balas de goma contra los presos. También Cristian Núñez, Carlos Bustos, Mauricio Giannobile, Gualberto Molina, Maximiliano Morcella, Gonzalo Pérez,  Juan Romano, Marcos Sánchez, Juan Santamaría, Marcelo Valdiviezo, Eduardo Villarreal y Juan Zaccheo.

Las condenas fueron para el jefe del operativo de represión, el responsable de la apertura y cierre de puertas por homicidio simple con dolo eventual y al jefe de la Unidad, por haber mantenido las pésimas condiciones de detención que derivaron en las muertes.
​Reimundo Héctor Fernández a la pena de 25 años de prisión por homicidio simple y tentativa de homicidio simple cometidos con dolo eventual de los 33 detenidos que murieron y de los dos que fueron rescatados. Estaba “a cargo de la unidad y dirigió el operativo de ingreso al pabellón con escopetas con municiones antitumulto junto a otros penitenciarios.

Rubén Montes de Oca, encargado de la apertura y el cierre de las puertas, fue condenado a 10 años de prisión. “Al retirarse del lugar les constaba el estado avanzado del fuego y las consecuencias del humo tóxico dentro del pabellón y sin embargo al salir dejaron encerrados a los detenidos que fallecieron a causa de la asfixia y altas temperaturas que había alcanzado el lugar”, dice la sentencia. A diferencia de la versión oficial que construyó el SPB, la descripción de los jueces llama la atención sobre la represión que se desató sin que se hubiera producido antes ningún motín.

El jefe de la Unidad, Daniel Tejeda, fue condenado a 5 años de prisión por estrago culposo. Prefecto mayor y pastor evangelista, Tejeda llegó a Magdalena con el orgullo de haber convertido a la Unidad 25 de Olmos en la primera cárcel evángelica del mundo y en busca de propagar su experimento. Fue considerado culpable de haber mantenido a los detenidos residentes del pabellón 16 en condiciones que provocaron que el incendio tomara la magnitudes que alcanzó la noche del 16 de octubre de 2005. “Sabiendo que la red contra incendio del módulo no funcionaba por falta de presurización (…)  nada hizo para solucionar tal situación de peligro teniendo la obligación que el cargo del Director de Unidad le imponía”.

Pese al horror que describen los testimonios y a las absoluciones, el Centro de Estudios Legales y Sociales (CELS) considera que la condena es histórica. “Es la primera vez que personal jerárquico del Servicio Penitenciario Bonaerense (SPB) es condenado por un hecho de este tipo y por las gravísimas consecuencias que derivan de una situación de sobrepoblación crítica”, afirmó en un comunicado el organismo que estuvo a cargo de la querella y el acompañamiento a Rufina Verón, la madre de uno de los presos que murió en Magdalena. Verón fue la única que llegó hasta el final con su reclamo de Justicia. Su hijo César Javier Magallanes, de 25 años, estuvo entre las víctimas fatales.
Para el CELS, las políticas que llevaron a que 33 personas murieran en Magdalena, no solo persisten: se vienen profundizando. “Hoy, el sistema de encierro de la provincia de Buenos Aires está colapsado: la política de encarcelamiento masivo ha llevado a un crecimiento histórico de la población y de la tasa carcelarias. El pabellón 16 formaba parte de un conjunto de cuatro módulos que fueron construidos en un contexto de emergencia del SPB, en 2004, y denominados por la propia administración como ‘módulos de bajo costo’. El actual gobierno provincial anunció como supuesta medida para mejorar el hacinamiento la rehabilitación de ese mismo módulo”.


* Diego Genoud, periodista político. Escribe en Letra P, Crisis y El Canciller. Escribió la biografía no autorizada de Massa. Trabajó en Perfil y Crítica de la Argentina. Hace un programa de entrevistas en radio, “Fuera de tiempo”, en FM Milenium. Nació en Baradero.